22/4/09

"Loé y el anciano", por Micra

Era una vez un niño llamado Loé, que le encantaba la música clásica y la percusión. Desde bien pequeño estudió música a través de un libro que tenía, pero nunca supo transmitir a la gente lo que él sentia y lo que significaba para él la música. Siempre se preguntaba por qué no podía sacar sus sentimientos para que las otras personas gozaran de su arte. Loé estudiaba cada día con su gran libro de calves y notas, para él no llegaba el fin; siempre aprendía una nota nueva, una clave o un ritmo.

Una mañana Loé se dirigía a la escuela, iba tocando una flauta cuando se le acercó un pobre anciano con un bastón en la mano izquierda y le preguntó si le ayudaba a cruzar la carretera. El niño dejó su flauta en la mochila y le cogió la mano para cruzarlo al otro extremo de la calle, una vez allí, el anciano le preguntó dónde había aprendido a tocar así. El chico le contestó que sólo había aprendido de un libro.
El anciano le pidió que volviera a tocar la flauta.

Loé se puso a tocar, pero de repente se detuvo sintiendo mucha vergüenza porque pensaba que no había estudiado lo suficiente como para tocar ante una persona mayor. Y, dejando la flauta tirada, corrió hasta su casa.

Al día siguiente, cuando Loé cogió camino hacia la escuela, se encontró al pobre anciano en el mismo lugar de la calle y le preguntó intrigado por qué estaba allí otra vez y el anciano le respondió que esperaba que alguna persona le ayudara a cruzar la calle nuevamente porque era ciego.

Y así, varios días el chico lo ayudó a cruzar la calle hasta que se hicieron amigos. Un día el anciano, al ver que a Loé le intersaba tanto la música, lo invitó a su casa.

Al llegar a casa, el anciano le enseñó al chico todos los instrumentos que tenía y Loé entusiasmado,le preguntó que cómo podía tocar los instrumentos si era ciego. El anciano se echó a reír y le dijo que la música no sólo se aprende de un libro o de un profesor, o tacando una cuerda o sacando un sonido, sino con la fe y el corazón.

A partir de ese día, Loé tocaba lo que él sentía y nunca más tuvo vergüenza de transmitir su música a las personas.

Hoy Loé Costón es un gran músico en el ámbito de la música clásica, gracias a un pobre anciano que le enseñó la clave más secreta y fundamental de la música: tocar con fe y con el corazón.